La historia de Seseña está escrita por sus vecinos, generación tras generación. Conocer nuestro pasado no sólo es una forma de rendir homenaje a quienes nos precedieron, sino también de comprender mejor la evolución de nuestra identidad como pueblo.
Y el interés por el conocimiento de nuestras raíces, el saber sobre nuestros antepasados, cada día atrae a más personas. Es por ello, que desde el Archivo Municipal os abrimos una “Ventana a la historia Local de Seseña”, extraída de los documentos que en él se conservan. Hoy hablaremos del Censo Electoral de 1892[1].

Dos primeras páginas del censo electoral del pimer distrito municipal del Ayuntamiento.
El documento que nos ocupa, detalla las personas que, de acuerdo a la Ley Electoral de 26 de junio de 1890[2], tenían derecho a votar, es decir, los varones mayores de 25 años. Recordemos, que no será hasta el año 1931 cuando se reconozca el derecho de voto femenino.
El censo, registro detallado de 275 vecinos en una población que, se estima, rondaba los 1000 habitantes, recoge información demográfica clave, como el nombre completo de cada individuo (incluyendo apellidos paternos y maternos, quien los tuviere), su edad en el año concreto, su domicilio, su oficio al que se dedicaban principalmente y su nivel de alfabetización, medido a través de su capacidad de saber leer y escribir. Este documento constituye una fuente primaria de información para el estudio de la sociedad de Seseña en ese período y, en particular, proporciona valiosos datos para la investigación genealógica, permitiendo el rastreo de abuelos, bisabuelos y generaciones pretéritas de los actuales habitantes del municipio.
Este tipo de documentos nos permiten hacernos una idea aproximada de las sociedad de nuestro municipio a finales del siglo XIX, tipo de profesiones, la media de edad, el nombre de las calles, el grado de formación, etc., digo aproximada, a falta de la información de las mujeres, niños y hombres menores de 25 años, que habitaban el municipio.
Así, podemos extraer lectura y datos del documento y hacernos una idea de aquella Seseña de finales de la centuria. Como el callejero, muy reducido en calles, y distribuido en dos distritos, el primero “del Ayuntamiento” y el segundo llamado “de las Escuela de Niñas”, pero con topónimos que aún hoy se mantienen como:
Álamos – Ancha – Ayuntamiento – Botica – Casa Campo – Cuesta de la Iglesia – Mediodía – Morenos – Oriente – Plaza Bayona – Prado – San Sebastián – Vega
Por otra parte, si analizamos uno a uno todos los inscritos, reconoceremos
apellidos que han llegado hasta nuestros días como:
Aponte – Barajas – de Hita – Fernández de Velasco – Lorenzo – Mejía – Moya –
Navarro – Ocaña – Pardo – Torrejón – Urosa – Valdivieso – del Viso.
Algunos nombres propios también son llamativos por haber caído en desuso en nuestros días como: Canuto, Tiburcio, Faustino, Casimiro, Eustaquio, Rufo, Serapio, Olallo, Casto, Escolástico, Quintín.
Los datos relacionados con la edad de los inscritos revela una población que no supera los 80 años, recordemos que la esperanza de vida a finales del XIX se aleja de la nuestra, pues el hambre y las enfermedades hacían que llegar a los 40 fuera milagroso.
Los datos que nos dibujan las profesiones y oficios nos dan pistas de una economía basada en el sector agrícola y ganadero principalmente, contabilizando así un total de 71 jornaleros, 125 propietarios, 8 guardas, como Sandalio Mejía González y 10 pastores, entre ellos Esteban Rincón Martín.
Además, había otras ocupaciones como la que desarrollaba Reyes Alconero Mejías, siendo comerciante; o Miguel de la Cruz, que era el barbero del pueblo; Calixto Fernández Orcajada era mayordomo[3]. El ministrante[4] era Casto Malta Ortega, el sacristán del pueblo era Niceto Martín Salas, con 26 años de edad. Alberto Mejía Guerrero era guarda barrera[5]; en el oficio de caminero[6], Miguel Moreno Manzanero. Los esquiladores eran Eusebio Ocaña Martín y Prudencio Ruiz y Alonso. Se contabilizan cinco albañiles, siendo el más joven de ellos Teodoro Torrejón Pérez de 28 años; el zapatero era Justo de la Flor Gómez, con 38 años. Nieves Iniesta Bolaños, era herrero; buhonero[7] era Victoriano Lara Martín, el farmacéutico era Ventura Nieto Barrajón, y vivía en la calle Botica, 2; Dámaso Pérez Olivares era veterinario y el cura párroco, Juan Robledano Alcoba, de 39 años que residía en la calle Morenos, 2.
El grado de alfabetización era de un 57% de los inscritos, prácticamente la mitad de ellos no sabían ni leer ni escribir. Es el reflejo de la sociedad del siglo XIX en España, donde la educación pasaba a un segundo plano, primando el trabajo para poder subsistir.
Tras su aprobación por la Junta Provincial, la lista del Censo electoral, certificada con el sello y las firmas del presidente y el secretario de la Diputación de Toledo, se remitía a cada alcalde. Este, a su vez, debía presentarla a la Junta Municipal y ordenar su publicación durante tres días para conocimiento público. Transcurrido este plazo, el documento se archivaba de forma definitiva.[8]
En el Archivo Municipal se conservan los Censos electorales desde 1892 hasta 1935, con ciertas lagunas cronológicas, y es documentación que se puede consultar libremente.
Caridad Barbera Ruiz
Archivera Municipal de Seseña
Navarro – Ocaña – Pardo – Torrejón – Urosa – Valdivieso – del Viso.
Algunos nombres propios también son llamativos por haber caído en desuso en nuestros días como: Canuto, Tiburcio, Faustino, Casimiro, Eustaquio, Rufo, Serapio, Olallo, Casto, Escolástico, Quintín.
Los datos relacionados con la edad de los inscritos revela una población que no supera los 80 años, recordemos que la esperanza de vida a finales del XIX se aleja de la nuestra, pues el hambre y las enfermedades hacían que llegar a los 40 fuera milagroso.
Los datos que nos dibujan las profesiones y oficios nos dan pistas de una economía basada en el sector agrícola y ganadero principalmente, contabilizando así un total de 71 jornaleros, 125 propietarios, 8 guardas, como Sandalio Mejía González y 10 pastores, entre ellos Esteban Rincón Martín.
Además, había otras ocupaciones como la que desarrollaba Reyes Alconero Mejías, siendo comerciante; o Miguel de la Cruz, que era el barbero del pueblo; Calixto Fernández Orcajada era mayordomo[1]. El ministrante[2] era Casto Malta Ortega, el sacristán del pueblo era Niceto Martín Salas, con 26 años de edad. Alberto Mejía Guerrero era guarda barrera[3]; en el oficio de caminero[4], Miguel Moreno Manzanero. Los esquiladores eran Eusebio Ocaña Martín y Prudencio Ruiz y Alonso. Se contabilizan cinco albañiles, siendo el más joven de ellos Teodoro Torrejón Pérez de 28 años; el zapatero era Justo de la Flor Gómez, con 38 años. Nieves Iniesta Bolaños, era herrero; buhonero[5] era Victoriano Lara Martín, el farmacéutico era Ventura Nieto Barrajón, y vivía en la calle Botica, 2; Dámaso Pérez Olivares era veterinario y el cura párroco, Juan Robledano Alcoba, de 39 años que residía en la calle Morenos, 2.
El grado de alfabetización era de un 57% de los inscritos, prácticamente la mitad de ellos no sabían ni leer ni escribir. Es el reflejo de la sociedad del siglo XIX en España, donde la educación pasaba a un segundo plano, primando el trabajo para poder subsistir.
Tras su aprobación por la Junta Provincial, la lista del Censo electoral, certificada con el sello y las firmas del presidente y el secretario de la Diputación de Toledo, se remitía a cada alcalde. Este, a su vez, debía presentarla a la Junta Municipal y ordenar su publicación durante tres días para conocimiento público. Transcurrido este plazo, el documento se archivaba de forma definitiva.[6]
En el Archivo Municipal se conservan los Censos electorales desde 1892 hasta 1935, con ciertas lagunas cronológicas, y es documentación que se puede consultar libremente.
Caridad Barbera Ruiz
Archivera Municipal de Seseña