Entre la fe y la vida comunitaria
La misa solemne y la procesión son el corazón de las celebraciones, acompañadas por expresiones culturales y populares que refuerzan el sentido de comunidad. Los documentos conservados en el Archivo Municipal son testigos del esfuerzo constante de los seseñeros por mantener viva esta tradición, en la que se entrelazan devoción, organización vecinal y participación institucional.
Un recorrido histórico
Partimos de 1892, primer año del que se conserva documentación municipal en las actas de pleno. Según consta en la sesión del 1 de octubre, la Hermandad de la Virgen del Rosario se encargaba de organizar las celebraciones religiosas, mientras que el Ayuntamiento asumía la gestión civil, solicitando autorización al gobernador para la tradicional corrida de novillos que tenía lugar tras los actos litúrgicos. Aunque no existía consignación presupuestaria específica, la corporación sufragaba los gastos más urgentes, como la contratación de la banda de música —remunerada con 40 pesetas—, el acondicionamiento de la plaza o el transporte de maderas. Todo ello reflejaba el compromiso colectivo con unas fiestas que ya se vivían como el acontecimiento principal de la localidad.

Tan solo dos años después, en 1894, las actas municipales vuelven a poner de manifiesto la importancia de la festividad: la sesión ordinaria del Ayuntamiento se pospuso deliberadamente para no interferir con la celebración patronal, un gesto que ilustra el peso de esta tradición en la vida pública de Seseña.


En acuerdo de pleno de 2 de septiembre de 1928, quedó asentado oficialmente que el primer domingo de octubre sería la festividad de Nuestra Señora del Rosario. Ese año se acordó subvencionar a la Hermandad con 200 pesetas para los actos religiosos y destinar el resto de la partida a la corrida de novillos, manifestando la importancia que se concedía tanto a lo religioso como a lo popular. La tradición se mantuvo a lo largo de las décadas. En 1941, el Ayuntamiento acordó por unanimidad costear la misa cantada, la salve, el rosario y la procesión, además de festejos populares. En 1948, se destinaron fondos a la Hermandad y, además, se arreglaron las calles por donde pasaba la procesión, subrayando el carácter central de la fiesta en la vida del pueblo

En los años siguientes, las actas municipales siguen reflejando la continuidad de las celebraciones: vemos como en 1957 se incluyen gestiones para contratar dos juegos de fuegos artificiales y espectáculos taurinos; en 1979, se abrió un debate sobre cambiar la fecha de la festividad debido a las inclemencias meteorológicas propias de octubre. Finalmente, se optó por trasladar las fiestas populares al 15 de agosto, aunque la devoción religiosa a la Virgen del Rosario continuó viva.
Una tradición que perdura
Durante décadas, la festividad de la Virgen del Rosario fue considerada la fiesta grande de Seseña, el acontecimiento más esperado por vecinos y visitantes. Sin embargo, en el pleno ordinario del 25 de octubre de 1979, se acordó trasladar la celebración principal al 15 de agosto, motivado por las inclemencias meteorológicas que solían acompañar al mes de octubre.
El cambio de calendario supuso el fin de los festejos populares en honor a la patrona durante ese mes, pero no interrumpió la devoción religiosa. Aún hoy, cada domingo de octubre, Seseña continúa rindiendo homenaje a la Virgen del Rosario con procesiones, misas solemnes y el tradicional reparto de tostones y limonada. Asimismo, se mantienen las iluminarias, una costumbre que desde hace más de medio siglo practican los vecinos para honrar a su patrona: encender hogueras a las puertas de sus casas y saltarlas. De esta manera, se preserva vivo el lazo de fe, tradición y memoria que ha unido a la comunidad a lo largo de generaciones.La festividad de Nuestra Señora del Rosario no es solo una cita del calendario, sino un reflejo del patrimonio inmaterial de Seseña, de su historia compartida y de la fuerza de una devoción que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.